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Manejando un pickup llegó puntal a nuestra cita en Prensa Libre. Vestía una blusa formal, pantalón de tela y zapatos abiertos de tacón, como toda chica de su edad. Pero en la palangana cargaba una motocicleta Honda de cuatro velocidades, color violeta. Con ayuda de una persona bajó la máquina y
preguntó: ¿En dónde la pongo?
A simple vista, nadie apostaría a que Cinthia Mayen, con imagen seria y atractiva, es piloto de Motocross. Arquitecta de profesión, con una maestría en Administración de Empresas, esta chica de 29 años se dedica en su totalidad, desde hace más de un año, a entrenar y prepararse para las batallas en las pistas del país. “Muchas personas no me creen que soy piloto de carreras ni porque ven fotografías mías con la motocicleta. Influye que el deporte es nuevo en el área femenina y que cada vez es más profesional. Hasta cuando me ven corriendo en competencia, ya me creen”, explica Cinthia.
Apego desde pequeña La cercanía con la motocicleta nació desde temprano. “Mi padre me enseñó a manejar moto antes que bicicleta. Fue amor a primera vista, yo tenía siete años. Lo que más recuerdo es que deseaba estar subida en una moto todo el día. Era tanta mi pasión, que para mi primera comunión andaba manejando hasta que caí y me ensucié mi vestido. Se enojaron mucho conmigo”, confiesa Cinthia, quien compartió esta afición con sus hermanos. A su padre le preocupaba el riesgo que tomaría ella al competir en Motocross, su actividad favorita. Decidió alentarla para empezar en motonetas y con el tiempo compitió junto a sus hermanos en circuitos pequeños, como la calle del Aeropuerto Nacional La Aurora y en el Estadio Mateo Flores. A los 13 años decidió alejarse de esta disciplina y se dedicó a estudiar. Pero no dejó el deporte. Siguió practicando básquetbol, fútbol, natación, volibol y karate. También fue cheerleader. Durante este tiempo, el Motocross se convirtió en su sueño frustrado. Regreso a sus raíces:
Durante la universidad la adrenalina fue parte importante en la vida de Cinthia porque continuó practicando deportes como karate, e incluso sus compañeros la llamaban Suki, personaje femenino de la segunda película de Rápido y Furioso, porque siempre quería manejar carros a gran velocidad. En 2008, después de pláticas con sus hermanos y padre, Cinthia decidió volver a correr motocicleta. Con el apoyo de su esposo comenzó a dedicarle tiempo al entrenamiento.
A principios de 2009, junto a un grupo de pilotos mujeres, se acercó a la Federación de Motociclismo con la inquietud de abrir una categoría especial femenina. Se logró oficializar, y este año compitieron 10 corredoras en la primera fecha. “Era un mar de nervios, muy exagerado. Encima, padezco una alergia cuando me agito demasiado, manejé con la garganta casi cerrada. Al final terminé la carrera en cuarto lugar, fue un intenso comienzo como profesional”, relata Cinthia.
En estos días, la corredora ocupa su tiempo en prepararse para carreras oficiales e invitacionales alrededor del país. Recibe clases con Juan Martínez, asiste al gimnasio a diario y entrena dos horas a la semana en la pista. No ha sido fácil Para Cinthia, haber tomado la decisión de apartarse de la arquitectura y de la administración de empresas, para dedicarse de lleno al Motocross, no fue sencillo. La comunicación con su familia y esposo fue fundamental.
“La actitud y el deseo nunca han sido problema, la dificultad ahora es lo económico, porque los entrenamientos, el gimnasio y mantenimiento de la motocicleta son caros”, admite, refiriéndose a los servicios antes y después de las competiciones, además del cambio de llantas cada cuatro carreras. Por ahora, el apoyo recibido, como patrocinadores, ha sido de Moauto, VCR con los aceites y lubricantes, y Quality Graphics con el empaque de la motocicleta.
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